miércoles, 20 de marzo de 2013

PACIENCIA Y HUEVOS BENEDICTINOS


The Epicurean. A Complete Treatise
of Analytical and Practical Studies
on the Culinary Art Including Table and Wine Service,
How to Prepare and Cook Dishes,
an Index for Marketing, a Great Variety of Bills of Fare
for Breakfasts, Luncheons, Dinners, Suppers, Ambigus,
Buffets, etc., and a Selection of Interesting Bills
of Fare of Delmonico's, from 1862 to 1894.
Making a Franco-American Culinary Encyclopedia.
New York: Charles Ranhofer, 1894.
Hace ya más de un año que Caius Apicius escribió un artículo ingenioso titulado "De resacas, huevos y bacalao", que se difundió por los más importanes diarios de España y Latinoamérica. Tras su lectura, tomando una frase suya como "rábano por la hojas", se me ocurrió hilvanar unas notas y enviárselas. No lo hice, puede ser que por pereza, o por no pasar por erudito. Pero hoy se las envío abiertas al público, dedicadas a él, porque es una persona ejemplar ante el dolor y la adversidad, y porque posee una pluma culta y desinteresada. También porque lo aprecio, y porque me ha felicitado hoy por el día de mi santo.

Siempre me ha resultado muy atractivo el ingenio y buen humor de Cristino Álvarez, maestro del periodismo gastronómico. Pero no es menos cierto que cuando leí entonces (y vuelvo a hacerlo hoy), ya al final del artículo, en lo relativo a los huevos “a la benedictina”, la frase “no vayan a los libros”…, aun teniendo en cuenta el contexto e intención clara y sana con que lo afirmaba, pero ante la posibilidad de que lectores poco preparados puedan entenderlo al pie de la letra y dedicarse a saber de cocina guiados solo por la televisión o por el internet boscoso y cada día más impenetrable, no me quedo tranquilo sin invitar a quienes nos puedan leer que es bueno, razonable y sano “ir a los libros”.

Como defensor de la obra de Teodoro Bardají me llega al alma que a estas alturas y en este asunto todavía no sea objeto de cita tan gran cocinero y escritor, ya que su obra está muy vigente y se encuentra en las librerías de nuevo. Ahí, en “La cocina de Ellas”, explicó con gran claridad y brevedad su receta de “Huevos a la benedictina”. Huevos que él precisa han de ser como blandos o encerados (mollets en francés) que se sirven sobre un lecho de puré de bacalao “brandade” (sic)… Se cubren con salsa crema y se salpican con un poco de trufa picada.  A todo cuanto se alude en su receta está muy bien explicado en su gran obra.

En el título hablo de la paciencia, porque me desgasto apoyando con contundencia a Teodoro Bardají. Porque tengo la certeza de que Bardají sabía muy bien de qué hablaba y en qué se fundamentaba, aunque los libros de recetas de cocina, no llevan notas a pie de página. Pero Bardají también escribía en revistas, periódicos, etc. y daba muestras de su gran biblioteca, o de sus idas y venidas a las bibliotecas. Y las consabidas estancias en el extranjero. Por ello me es fácil colegir que Teodoro Bardají sabía:

1)  Que entonces, como todavía ahora, se conocía que la primera receta con denominación “au Bénédictin” aparece en la III parte de “La cuisine de santé” de Jourdan Le Cointe (hoy citado como Jourdan-Lecointe), médico cuyo texto, dice, lo revisó un práctico de la cocina. En este libro se cocina así una raya. La primera edición es de 1790, todavía un poco lejos del uso cotidiano de la patata, y de la preponderancia de la cocina provenzal.

2)  Que en el “Grand Dictionnaire deCuisine”, 1873, de A. Dumas aparece una receta de “Cervelas maigres à la bénédictine”.

3)  Que ya en 1886 Clement-Marius Morard (1846-1891) en su libro “Les Secrets de la cuisine dévoilés” (1886) da la receta de Morue à la Bénédictine, a base de patatas, bacalao, ajo perejil, etc. y un gratinado final.

4)  Que Ferdinand Grandi autor de “130 recettes diverses pour apprêter les oeufs” (1893) da cuenta de la receta ”Oeufs à la bénédictine”

Por supuesto, tras esta perspectiva histórica, tanto en la “Guide Culinaire” del no menos grande Auguste Escoffier, como en su “L'aide-mémoire culinaire”, o en la obra “Le répertoirede la cuisine” de Gringoire y Saulnier, así como en los repertorios castellanos, en mayor o menor medida tributarios de las obras francesas citadas, como son los de Ignacio Domènech, Lanzani-Sarrau, o el de Rabassó y Aneiros (hoy todavía de actualidad), aparecen diferentes denominaciones “a la benedictina”. También en el prestigioso “Lexikon der Küche”, de Richard Hering  se referencian los huevos “Benediktinerart”



Cristino y quien suscribe,
paseando por los montes de Secastilla, tras la “caza de trufas”,
en  “Días de Vino y Trufas” (2011), organizados por
 la BODEGA BLECUA
Este pequeño ejercicio de librero y bibliógrafo me gustaría que, cual salsa holandesa, hecha a mano y de inmediato, que recubre un plato y lo hace más sabroso, adorne mis contribuciones, porque para mí es un disfrute encontrar en las bibliotecas las explicaciones de por qué hemos comido de tal o cual manera, del mismo modo que los especialistas de hoy nos introducen en por qué comemos lo que comemos. En los especialistas incluyo a sociólogos, antropólogos, historiadores, e incluso a muy pocos periodistas, como Cristino Álvarez "Caius Apicius". Es una excepción entre tantos comentaristas que tratan “de re coquinaria”, que tienen poco de periodistas y menos de críticos gastronómicos, y que al parecer les gusta escribir por libre sin documentar lo que los lectores merecen, pero crean sus blogs [yo también me equivoco] y desde su podio pontifican. A veces, se recurre a la wikipedia. La española, en asuntos de cocina, con virus y muy resistentes.

Continúo. La anécdota, o la historia, sobre el origen estadounidense de los "eggs benedict", es una cuestión en la que no entro ahora. No quiero abundar en la confusión. Conozco la obra  The Epicurean (está en la red, gratis) cuya imagen inicia este post, y la pongo a modo de cita del libro que algunos citan para fundamentar la historia de la receta referida que se prepara con muffins en su base, huevos y otros ingredientes, y que se cubre de salsa holandesa. No es raro que por no conocer el origen y evolución de una receta alguien termine diciendo “la inventó tal o cual”, u ocurrió en tal o cual Hotel, etc.


Por otro lado, deletrear con  precisión el itinerario de un plato que en un principio pudo acoger la referencia de la grandiosa y rica Abadía benedictina de Fécamp (lugar donde tiene su origen el Licor famoso, y  donde también radica uno de los puertos más importantes de donde partían en el siglo XIX numerosos barcos a la pesca del bacalao) para terminar siendo consagrado como un gran plato provenzal (sin duda por la importancia del aceite y de un casi desconocido Marius Morard, conocido más recientemente por su obra titulada “Manuel complet de la cuisinière provençale”), es algo que trasciende los límites de este artículo. Aunque tampoco me parece que pueda ser imposible. Tiempo al tiempo. Entretanto sigan la receta “re-visitada” por Cristino y Maribel, su esposa, y disfrutarán de un gran plato, nutritivo, y, bien montado como sugieren, de gran belleza. Tras el sinuoso camino que ellos recorrieron, y según la bibliografía citada, su versión, con elementos creativos, es la más fiel de las que se siguen sirviendo (infieles) en los Brunchs de moderna factura, siguiendo la moda decimonónica de Estados Unidos.



Nota: En el post de Navidad les invité a escuchar un villancico recordando a Dave Brubeck, fallecido a primeros de diciembre de 2012. También ayer (que es cuando escribí) me acompañó en la redacción de este post, con imágenes y sonido de un concierto en vivo, que dió muy pocos años antes de morir. He elegido el fragmento correspondiente a una canción popular de 1920, letra de Benny Davis, y música de y Con Conrad y J. Russel Robinson (que conste, por los derechos). La canción, de amor, se titula MARGIE. De ella se han hecho numerosas versiones, incluso corales. Los más importantes músicos de jazz le han rendido homenaje. Pero ninguna, no conozco demasiadas, me ha gustado tanto como esta, sintiendo la fuerza  que transmite su piano y sus  creativas armonías, y, al mismo tiempo,  la fidelidad al original de la canción.


 




jueves, 14 de marzo de 2013

ÓSCAR VELASCO Y "LOS GURÚS"

Vista nocturna de la BODEGA BLECUA
Dentro de los  muros de esta casa, en horas donde el ambiente era apacible, sereno, bien iluminado por el sol, como ya he contado hace unos días, he tenido una gran experiencia gastronómica con ocasión de los “Días de Vino y Trufas” de la BODEGA BLECUA. Ya comenté que presenté a Óscar Velasco ante los comensales. Tenía preparada una presentación breve, “academicista”, es un decir, normalizada para añadir al final unas palabras de afecto y otras de agradecimiento por haber venido al Somontano y traernos su cocina a unos pocos privilegiados. Pero me rompió los esquemas la relectura de un artículo, laudatorio por lo demás de la cocina de Oscar Velasco, en el que descubría yo la existencia de un inconsciente traicionero (creo que lo tenemos todos) y decía que Óscar “ya es considerado por los gurús de la buena mesa el mejor de Madrid” (tal cual, escrito en Madrid a 31 de enero de 2013), hasta el punto que me referí a ello en la presentación. Lo de traicionero viene a cuento porque el “ya” con que comienza la frase le da inmediatez a la referencia que se hace de los “gurús de la buena mesa”. Hago cuentas sobre la vida de Óscar y deduzco que cuando Óscar Velasco todavía no tiene cuarenta años, y tras terminar su formación académica (1995), haber peregrinado por los mejores restaurantes de España, seis meses en Zalacaín, veintidós meses con Martín Berasátegui, veintisiete meses con Santi Santamaría, y desde marzo del 2001, que inaugura como Jefe de cocina el Santceloni de Madrid, o sea pronto hará doscientos ochenta y ocho meses, o lo que es lo mismo 12 años, ya es considerado… el mejor de Madrid. Hace años que es el mejor de Madrid. También lo es por el marco incomparable con espacios magníficos, dirigidos junto a Óscar por Abel Valverde y David Robledo. Un equipo, también, incomparable. 

Me pregunto de qué gurús hablamos, ¿de los de la Academia de Gastronomía y la Cofradía de la Buena Mesa que lo califican con tres soles y en 2007 le otorgan uno de sus Premios Nacionales; de los de la Guía Michelin que le distinguen tan apenas haber inaugurado con una estrella, (edic. 2002) y en la edición de 2004 gana merecidamente la segunda? Referencias y distinciones tiene muchas más, pero yo carezco de espacio.

Necesito compartir estas cuestiones. He aprendido mucho con el doctor Francisco Abad Alegría, neurofisiólogo y psiquiatra, particularmente con dos de sus últimos libros (2009 y 2011), donde marca líneas maestras sobre la gastronomía y culinaria españolas.  Con el doctor Abad se puede conversar como con muy pocos tengo ocasión de hacerlo, también discutir, beber, siempre “de bueno”, o disfrutar de su alargada mesa que bien podría ser la de una posada o fonda, con bancos corridos, donde siempre aparece cocina muy buena. Si la llega a conocer Pérez Galdós, habría elogiado los “peperoncicos” del cordero al chilindrón navarro. Los bancos corridos en las viejas fondas eran para comer juntos según llegaban los arrieros, por ejemplo. Ahora los arrieros amigos llegamos previa cita y reserva. El doctor Abad en las páginas 133 y 134 de la obra que aparece en la imagen invita a unas reflexiones, como final de un capítulo, y dice: “¿Se está edificando la cocina y gastronomía nacional a finales del siglo (veinte) sobre una montaña de tinta seca de imprenta y papel-prensa o lo hace sobre un progreso de reflexión e innovación pausado y natural en relación con el aumento de riqueza? ¿Hay artificiosidad en crear figuras de la cocina, gurús (no me gusta la palabra, porque implica sumisión escolástica, pero es muy plástica en las concepciones actuales) a base de prensa?”

Sigo con  la cuestión de los gurús, tras buscar apoyo en la obra de Abad Alegría. Como a él, no me gusta nada ese término, pero en mi archivo de trabajo encuentro que en los últimos años ha sido de aplicación general y continua, tanto referida a personas que escriben en medios de influencia, como a cocineros de gran proyección. Lejos del significado que tiene para los hinduistas, en nuestro diccionario se toma como “maestro o guía espiritual, o a quien se le reconoce autoridad intelectual”. En este sentido riguroso sinceramente no creo que, a no ser por una total banalización del sentido de la palabra, se pueda encontrar ahora mismo ningún gurú ni entre intelectuales ni entre cocineros dignos de tal nombre. Lo señalo para que no les extrañe mi afirmación que, desde el principio de este post, les digo que es un asunto que me está atormentando. Dos ejemplos entre muchos. Con ocasión de la intervención de Ferran Adrià en el film Ratatouille, se escribe “Ha sido tal el nivel de preparación de esta película que hasta Ferran Adrià, uno de nuestros gurús culinarios, ha formado parte de la historia”. En otro caso Caius Apicius se refiere a los “cocineros, sean los grandes Gurús de la profesión o el más humilde tabernero” etc. Corto la cita porque el acertado contexto donde se halla es largo y me interesa la frase como tal y la firma de Cristino Álvarez. Parece que es un asunto y título que con carácter privativo se refiere a los mismos cocineros, a los grandes, no a los plebeyos por buena cocina que hagan.

Óscar preparando el postre de trufa
Tras él aparece su esposa, Montse,
jefe de pastelería del restaurante Santceloni
Foto de Antonio Lachós
No me lo puedo creer. Creía yo mismo que se podían referir a pensadores del estilo de J.-F. Revel “a la española”. Con lo que veo que me estoy cerrando el camino. Porque creo que, de haber gurús en el sector culinario español, aun en sentido muy lato, tendría yo que haberme enterado. Perdón por la inmodestia. Aunque también puede ocurrir que los libros citados, y otros, vayan creando subrepticiamente un caldo de cultivo, una reacción silenciosa, un discurso de base, entre gentes bien pensantes que se refugian en el “poético silencio”. Pero siguiendo al arquitecto e investigador Carlos Martí Arís, en “Silencios elocuentes” (2007) me atrevo a opinar que quienes cultivan la poética del silencio tienen la capacidad de interpretar, por ejemplo, la realidad caótica y huidiza de nuestra época. Son maestros en el cultivo de las artes que con autoridad tienen la capacidad de rechazar el arte “entendido como una histérica agresión a los sentidos que la pseudo-cultura mediática promueve”. Parafraseo y digo, si existieran los “gurús culinarios” se harían bien reconocibles cuando al acercarse al arte culinario lo hicieran “como contemplación, como introspección destinada a desvelar el misterio del mundo”. Me doy cuenta. Demasiada filosofía. Pero si no es eso, “lo otro” es cruel. Otros silencios para mi serían abominables. Porque entonces podría ser que en la culinaria española hubiera grupos de cocineros que tienen poder de agredir y promover una pseudocultura mediática. Esto es terrible. Ni siquiera sé si tiene que ver con la crueldad de los “mercados”, que lo son, difuminados e intangibles por las nubes cibernéticas, mientras que en el caso culinario sería algo próximo, visible, como la llamada violencia de género que descarnadamente se muestra todos los días en las TV, "como plato del día". Otra vez vuelvo a Goya, ya septuagenario. Cuando pinta a Saturno, lo entiendo mejor como Chronos, como dueño del paso del tiempo, capaz de devorar al hijo recién nacido para que no llegue a destronarle. No sé si se nota que no creo en que los problemas que tiene la cocina española, como fenómeno de gran alcance social,  no vienen de la "crisis", como tampoco las violencias de género, ni el fracasado capitalismo financiero.

Se dice en el artículo citado que Oscar Velasco “es el chef menos mediático de la generación de jóvenes maestros de los fogones que ha elevado la cocina española a la cima de la gastronomía mundial”. Hace falta tener conocimientos bien fundados para tal afirmación. Me gustaría saber quiénes forman ese grupo de jóvenes maestros, para entender por qué es el menos mediático. He dejado esta cita para el final, precedida de mis preocupadas intenciones.


Óscar en la tertulia de sobremesa.
A su lado, Amparo Cuéllar quien cuida la imagen
y organización de estos famosos Días de Vino y Trufas
Esta vez la foto es mía
He tenido la suerte conversar bastante con Óscar Velasco. No es tímido. Tiene una conversación abundante, y transmite mucha confianza. Incapaz de engañar, ni con los géneros de su cocina, ni con torticeras intenciones. Su rostro le delataría. Al final del convite de la BODEGA BLECUA, compartió una breve tertulia con los comensales, hasta el final. Quiero decir que no escatimó tiempo para atender hasta el último comensal que dejaba la mesa para regresar a su casa.

Nota: Pido disculpas a Óscar Velasco si he abusado de él al tomarlo como coprotagonista de estas reflexiones, y también a Tatiana Ferrandis, quien firma en el diario LA RAZÓN, el artículo que es de obligación leerlo completo y que yo he utilizado como pretexto. He escrito estas notas esta mañana, todavía sorprendido y ya intrigado por saber cómo va a conducir la iglesia el Papa Francisco, del que se reseña que se cocinaba su propia comida, y al parecer no era asiduo de los restaurantes. Pero esta mañana lluviosa y a ratos soleada, en Zaragoza, no la hubiera pasado tan bien sin la reincidente compañía de Wynton Marsalis y estos, precisamente estos, 52 minutos.

viernes, 8 de marzo de 2013

DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER



Todavía llego a tiempo para secundar la celebración del Día Internacional de la Mujer. Según la página oficial "se centra en poner fin a la violencia contra las mujeres, una flagrante violación de los derechos humanos que afecta a siete de cada 10 mujeres y una de las prioridades fundamentales de ONU Mujeres. “One Woman” nos recuerda que si todas y todos nos unimos podemos superar la violencia y la discriminación. Como dice la canción, “We Shall Shine!”, nos espera un futuro radiante. Únete para ayudar a difundir este mensaje y disfrutar de esta celebración musical de las mujeres de todo el mundo." Quedo unido. Y como esta página trata de alimentación, cocina y gastronomía, celebro que en las imágenes del video aparezca una mujer guisando (0:40), como salen otras haciento otras tareas. La música de la canción fue compuesta por Graham Lyle y el cantautor británico-somalí Fahan Hassan; la letra es de Beth Blatt.

Más en concreto quiero hacer memoria de las educadoras que desde final del siglo XIX iniciaron, [como La Condesa Pardo Bazán, o Concepción Arenal, en su campo de actividad] llevando a las Escuelas y en concreto a las Escuelas de Magisterio un movimiento renovador. Quiero destacar para no alargar la lista, a Matilde García del Real, organizando La Escuela de Madres de Familia (1906), donde tuvieron lugar varios cursos de Pedagogía y de Arte culinario. Matilde García del Real recogió su trabajo en "La cocina de la madre de familia, (1908, y 1922). Poco después después de su jubilación publicó "Cocina española y cocina dietética (1929). En este libro colaboró su hermano el doctor y profesor de medicina Eduardo. El prólogo lo escribió el Dr. Gregorio Marañón. El primero que me habló de estas cuestiones fue Manuel Martínez Llopis, y algo más escribí en Papeles de Cocina.

Ese movimiento al que me he referido está siendo cada vez más conocido por los importantes trabajos que se están publicando desde hace unos pocos años. No sé muy bien cómo cuaja en los centros escolares de nuestros días. Veo demasiadas obsesiones dietéticas, nutricionistas, pero poco "arte culinario". Cosas de estos tiempos modernos. 

Hago votos porque, sin matarse mucho la cabeza, las madres cocinen en casa, sobre todo si no tienen trabajo retribuido por terceros; que desaparezcan los prejuicios de que no saben "cocinar ni un huevo frito", ejemplo mal tomado porque hay cosas más fáciles; etc.

Que abunden cada vez más "nuevas guisanderas" que abran tabernas, figones, fondas, casas de comidas y nos enseñen a comer bien, caliente y sabroso.

Que las que ya son cocineras en establecimientos públicos que trabajen por dignificar su papel para que no se escriban artículos tan tontos como algunos que llevan títulos más o menos parecidos a este: ¿por qué no hay más grandes chefs mujeres?

Que cada uno escriba lo que quiera pero que antes piense dos veces a quién dirige ese título que incluye "fácil" o "fáciles". ¿Habrá títulos de libros de cocina que hablen de recetas difíciles?

El tema de los malos tratos en los restaurantes y cocinas, en las barras de los bares o en los de copas, supongo que es fácil estar de acuerdo que como cualquier trabajadora han de ser respetados sus derechos, y jamás ser objeto de malos tratos.

Dados los días que estamos mal/viviendo, les transcribo este texto del libro "Las hijas bien educadas" (1906), por María-Atocha Ossorio y Gallardo: "El encarecimiento de la vida en los tiempos que corren, hace más necesaria que nunca una guía para la mujer. Y también es necesario poseer un número determinado de recetas culinarias en las que, hermanando la variedad de los guisos, su preparación y su presentación, con la más estricta economía, se satisfaga a la clase media; a esa pobre clase, en la que hay algunos peldaños muy rayanos con la estrechez y con la llamada miseria de guante blanco; (...)

miércoles, 6 de marzo de 2013

OSCAR VELASCO EN LA "BODEGA BLECUA"

Óscar Velasco retratado en el momento de su merecido descanso por el fotógrafo y artista
Antonio Lachós de quien son todas las fotografías que ilustran este post,
realizadas sobre la marcha de la mise en place, sin estilistas y otros atrezzos,
que no sea la luz natural y su ingenio. Felicidades.
Voy a relatarles el menú que Óscar Velasco y su equipo trajo desde las cocinas de Santceloni de Madrid hasta la Bodega Blecua del Somontano donde se celebraron los "Días de Vino y Trufas" (24-25 febrero). Un riesgo emocionante, solo aparente, por el sensacional resultado, ya que Oscar resolvió la faena como si estuviera en su propio restaurante. Todo cuanto ofreció está actualmente en su carta de Santceloni.

Cuando llega la hora de la comida los invitados a los "Días de Vino y Trufas" vienen de hacer un recorrido por los viñedos de Secastilla, incluido un paseo por terrenos vecinos con encinas, robles, etc.,  donde se pueden "cazar" algunas trufas. [Este año, bajo un cielo azul adornado de nubes, se cazaron]. Luego visitan la pequeña y gran Bodega de Blecua, y también la biblioteca especializada en cocina que, como elemento diferenciador, la bodega tiene abierta al público (con una simple solicitud previa).

Es la hora de comer. En el vestíbulo de una magnífica casa con solera e historia, reconstruida con gran respeto, arte y oficio, a la que se adosa la moderna bodega, esperan cinco aperitivos que Óscar ha preparado para compartirlos de manera informal y en franca convivialidad. Copio al pie de la letra el menú, y destaco algunos con fotografía y un comentario personal. Siendo todo excepcional  no quiero consumir más espacio. Otro día puedo explicar otros platos de este gran y joven cocinero.

APERITIVOS: Merengue picante con paté de caza./ Tartar de vieiras, puré de zanahoria, naranja y  trufa./
Guisantes de Llavaneras, caldo de cebolla y trufa./ Royal de pichón y puerro con trufa.

PLATOS PRINCIPALES: Canelón de trufa negra y cebolla caramelizada./ Consomé de crustáceos al lemongrass./ Patatas confitadas y rellenas de pato con rúcula./ Lomo de lubina, alcachofas, praliné de avellana y trufa./
Patatas confitadas y rellenas de pato con rúcula
Me sorprendió que en la aparente pequeña ración hubiera tanta cocina: dos raciones de patatas torneadas, rellenas de un auténtico guiso de muslos de pato, con vino tinto, trufa, y que en el fondo escondían una especie de "pesto" de rúcula con un poquito de ajo (me encanta, señor Camba). Todo, bien cubierto de abundante trufa.
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Lomo de lubina, alcachofas, praliné de avellana y trufa
Uno de los pescados reyes, entre pocos, para acompañar con trufa. No es solo mi opinión. Es la del chef Óscar, y por lo que recuerdo la del mismísimo Alain Ducasse. Una lubina llegada del Atlántico, de buen tamaño, se nota, cocida sobre la piel, crujiente, sabores yodados, a quien conviene de guarnición la exquisita alcachofa braseada con sus sabores de avellana resaltados por Óscar con una picada de avellanas tostadas, aceite y caldo de carne. Entre medio abundante trufa  que toma el calor de las partes que conforman el plato y añade los sabores y aromas nacidos bajo la tierra. La tomé despacio, de arriba abajo. Sin quitar la piel, por supuesto ¡qué pecado! Un gran plato, y grande también  el respeto del producto.

Liebre a la royal, puré de manzana y lombarda.

Hacía tiempo que no tomaba  liebre a la Royal. Qué plato tan completo y complejo. Vale la pena después de disfrutarlo leer su receta (habrá algunas pequeñas diferencias) en un buen manual. Deshuesar la liebre, prepararla, hacer una farsa exquisita con papada, chalotas, pimienta y qué sé yo de cosas, para en el centro apoyar el foie gras “au torchon”, enrollar y bridar todo el conjunto y poner a cocer en horno de vapor durante 36 horas a 68 grados. Habíamos advertido a Óscar que en la acogedora y luminosa cocina de BLECUA no había horno a vapor. Fue emocionante ver llegar las raciones al vacío, y con paciencia ponerlas en el roner, para luego emplatarlas sobre un colorido lecho de lombarda, acompañadas de puré de manzana, con la gran salsa, justa, pero luego bajo la atención del maître que repasó los platos de algunos comensales más de una vez, ofreciendo un poco más de la majestuosa salsa. Como debe ser.

LOS QUESOS: (por orden), Brillat Savarin, de vaca, triple crema, trufado por el chef./ L'Esprit de Santceloni de la Granja Cantagrullas, leche cruda de oveja, sin curación. / El ya famoso queso de leche cruda de oveja, curado, de Albarracín,  premiado con Oro entre los mejores quesos del mundo, 2012./ La paleta se terminaba con un cabrales artesanal, dando fin a esta muestra de quesos característica singular del restaurante Santceloni.

LO DULCE: Sopa de pera, y ron con helado de canela./ Bizcocho de aceite de oliva, crema de queso, manzana y trufa.

Bizcocho de aceite de oliva, crema de queso, manzana y trufa.

No puedo comentar los quesos pero un día lo haré. Tampoco el primer postre, refrescante, tras los quesos, porque me llamó la atención que Óscar terminara el convite con un postre de trufa, por si no estábamos ya saturados. Pues no. Esa fotografía dice que es un bizcocho de aceite cocido al horno de vapor, compacto pero untuoso, cubierto de crema de mascarpone, y sobre ella abundante trufa pasada por el rallador microplane formando como una esponja suave, sobre la que coronaba una quenelle de manzana. Tomé el postre en dos bocados y diré que es la primera vez que me satisface totalmente un postre con trufa, ligero de azúcar, y donde la trufa es tan esencial como cualquiera de los otros tres componentes. Un magnífico final.

Petits fours, para el café y licores
Cuando a Santi Santamaria se le comentaba el cuidado que ponía en los aperitivos, o en las mignardises o pequeñeces o caprichos finales, siempre espectaculares, comentaba que mucha gente ignoraba que detrás de todo eso hay un cocinero, o dos, de plantilla, y que cada día se hacen de nuevo. Recuerdo con nostalgia un día que entré en su cocina y una pastelera preparaba una especie de obleas grandes, alargadas y muy finas, de pan al curry.¡Qué aroma!

Al principio del almuerzo tengo el honor de presentar al cocinero ante todos los comensales, algo que explicaré en un nuevo post. Al final de un breve texto casi es costumbre cerrar esas palabras con unas frases musicales. No supe encontrar unos arpegios y acordes de Juan Valdivia, segoviano de cuna como Óscar Velasco, mítico guitarrista de Héroes del Silencio. Finalmente me decidí por OLE SWING, tomándolo como pretexto de cómo unos músicos hacen de la copla una actualidad al estilo del swing sobre las bases clásicas, mientras entre tanto los cocineros, carentes de discurso, tomamos con papel de "abadie" que si tradición,innovación, galgos o podencos. Si Brillat-Savarin levantara la cabeza. Volveré sobre la cuestión. Les dejo con este ejemplo:

lunes, 4 de marzo de 2013

"I' M SORRY": A QUIENES TANTO SABEN DE TRUFA Y COCINA


Casi siempre juego en mis posts con la música. Hoy lo hago, de entrada, con esta famosísima canción de los años sesenta cuyo título muchos recordarán, a sabiendas de que el contenido de la canción puede traer interpretaciones y momentos muy diferentes para quienes la escuchen. Creo que es una de las mejores canciones de los inicios del pop y con recuerdos de sonido estilo Nashville, y que hasta hoy le ha dado una gran notoriedad a Brenda Lee.

No me siento una gran autoridad en asuntos de trufa, pero desde 1999 la he estudiado con dedicación y cuidado, y he tenido la gran suerte de saborearla y disfrutarla, al menos, en diez ocasiones en esa mesa de lujo, la de la BODEGA BLECUA en sus "Días de Vino y Trufas". Mesa de gran lujo, por la calidad del producto, por los grandes chefs que han cocinado, por el marco de un comedor precioso, por la experiencia compartida de convivir con comensales (en ocasiones de muy lejos) de recuerdo imborrable, y por los anfitriones quienes con su equipo de colaboradores no han ahorrado esfuerzos para acercar a sus invitados a los territorios dónde tienen  origen sus vinos, y  explicar cómo se llega a hacer tan grandes vinos. También porque el paisaje explica que el culto que rinden a la trufa, que se recoge en sus territorios vecinos a los viñedos, es porque ambos han encontrado un matrimonio tan feliz como duradero. Diez años que me permiten decir unas pocas cosas, aunque haya conocedores de ese mundo, o comunicadores de mayor fama que puedan pensar de otra manera que lo hago yo. Pues eso, "I'm sorry".

a) La trufa no es un condimento.

b) La trufa es el mejor paradigma de que la proximidad de los productos es esencial para una buena cocina. 

c) Defender la trufa como algo esencial del territorio donde nace significa optar por la defensa de un ecosistema con enormes beneficios, como ya deseó Joaquín Costa.

d) Que la moda y lo que suele ocurrir muchas veces con productos de precio elevado, no ha de provocar a la picaresca en la que se da una cosa por otra, o una cantidad efímera e insignificante, o a que se haga uso de aromas sintéticos.

e) A la trufa le van mal ideas democratizadoras (sic),  supongo que queriendo decir que es de fácil acceso popular. Sin embargo es muy escasa para la demanda mundial que hay. Aun cultivándola, la naturaleza y el clima tienen sus misterios, que se van conociendo poco a poco, y que procura cosechas anuales bastante  irregulares.

f) Tampoco puede ser popular en el sentido de que cualquiera, que la pueda comprar, la pueda cocinar, salvo en dos o tres cocinados muy elementales. La trufa, por hoy, encuentra su mejor expresión en la alta cocina de algunos grandes chefs.

g) Aun respetando principios como que la trufa se ha de comer madura ["Dejemos a los petimetres ignorantes, a los golosos imberbes, a los paladares sin experiencia, la dudosa gloria de comerse las primeras trufas", según Grimod de La Reynière)], y que necesita algo de grasa y calor para potenciar su aroma o sabor, hay que tener gran experiencia para prepararla en compañía de algunos pescados, carnes, verduras, sopas y cremas, incluso dulces, que como parte esencial pueda ofrecer bocados inolvidables. No defiendo el restaurante como inevitable. Hay quienes en sus mesas familiares lo saben hacer muy bien.

h) Una trufa fresca, entera, envuelta en finas láminas de tocino blanco y cocida por manos expertas bajo las cenizas del fuego del hogar, es algo de lo más sublime.

i) Termino, por hoy, opinando que cuando se recurre a Brillat-Savarin, para poner en su pluma (o en el teclado de cada uno) aquello de que la trufa es el diamante negro de la cocina, me hace sospechar que ni se conoce la obra de Brillat-Savarin, y todavía menos la de Grimod de la Reynière. O la de Colette: "Morded la gema de las tierras pobres..."

Otro día seguiré con algunas recetas, a ser posible de las degustadas en la BODEGA BLECUA, donde todas estas reflexiones se cumplen al pie de la letra desde hace años. Solo cambian los vinos, como es obvio, por las variedades , o por las añadas... El vino, a diferencia de las trufas, se conserva, duerme plácidamente, y cuando se despierta no le gusta encontrarse con "trufas en conserva". También por este motivo los mejores vinos necesitan trufas frescas y maduras, a su tiempo.

Nota: Confieso que me ha costado encontrar un video como este, sin subtítulos, sin composiciones de carátulas, algunas de muy mal gusto. Los que conocemos esta canción desde que salió y triunfó (1960), ayer mismo me la recordó un buen programa de RNE, creo que preferimos a Brenda Lee (1944) con su voz e imagen joven, donde se contempla, aunque con definición regular, la imagen de esa pequeña-gran intérprete de melodías famosísimas.